Al encontrarlo, encontré la frescura en sí misma. Me imagino caminando junto a él, conversando, tomados de la mano; donde lo excitante se encuentra en la mirada o en un simple roce.
Donde mi caballero tiene ojos en los que veo a través. Cautos, sinceros y tímidos, tan intensos que hace bajar los míos y mis mejillas se tiñan de rojo como si lo mejor de mi juventud volviera a surgir desde años olvidados. Quizás es alguien nuevo ocupando un viejo lugar, alguien atractivo entre tantos que no lo son y mientras que la distancia coopera al silencio, el silencio al "no conocerte" dejando así, la cuenta nula.
Un clarividente de emociones que se para frente a mí (desfachatado) a leer mi buenaventura sin permiso alguno; dueño de una risa despreocupada y generosa que sabe gustar, poseedor de un sútil humor al que me hago cómplice, pues, se asemeja a mi forma de reír y eso hace falta, siempre hace falta.
¡Bienvenido aquél que porta en sus manos polvo de sonrisas!
Un pequeño gigante, mal subestimado, que ahora me encuentra escribiendo a su poesía.
¿Que papel cumplirá este caballero de armadura inventada y noble corazón? ¿Que será de mí, fiel doncella, a la espera de mi caballero imaginario?
Dale vuelta a la página, ahí está el final... ¿es feliz?.
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