Ayer comenzó mi cuenta regresiva hasta vos. Tal vez la espera lleve un poco mas que un par de días, meses o quizá me seque esperando algo que no llegará, pero mientras duren mis ganas de encontrarte descargaré mis energías escribiendo esta especie de diario, que espero, al llegar a la última palabra el resultado sea el deseado… o no.
Día uno: Lágrimas…
Lunes, llego a mi lugar de trabajo aún dormida y con los ojos hinchados por haber pasado una mala noche. En estos casos suelo tomar un cuarto de mi vieja medicación pero que anoche no la tomé por que temía quedarme dormida. Todo lo contrario, desperté muchas veces en la noche con la certeza de que cuando llegara y encendiera ese aparato inmóvil, portador de buenas noticias hasta ayer y devastador a partir de hoy, me encontraría con un mensaje que lastimaría mi corazón y así fue.
Me quedé pasmada frente al monitor, pestañando seguido para no dejar caer lágrimas que hacían mucha mas fuerza que yo, me temblaban las manos y cuando articulé palabra noté que no solo mis manos lo hacían…respiré hondo y pensé que hacer…la furia ya estaba dentro de mí, tenía tantas ganas de gritarte, pegarte, preguntarte por que?, ¿cual fue la necesidad de manejar las cosas de esta manera, acaso te lastimé?¿entonces, por que conmigo? como digo siempre, la verdad duele pero solo al principio.
En un arrebato llamé a tu casa y si…ahí estabas, buen día…(habrás pensado) pero ni eso te dejé y te lance un aluvión de preguntas, afirmaciones, ironías y sarcasmos, todo tan rápido que no sé si llegaste a entender todo lo que dije, cosa que al cortar, mas bronca tenía; soy una persona que le gusta expresar, decir y aclarar…en ese momento sentí que la emoción llenaba mi garganta desde lo mas hondo y las palabras brotaban como chorros de fuego saliendo de mi boca, corté. Quedé en silencio mirando el teléfono perpleja, “no pude pensar” me repetía a mi misma, no pude pensar por lo tanto no pude decir todo lo que quería, es como si mi voz hablara por si sola y el resto quedara congelado. Intentaste disculparte por tu actitud “poco madura” pero que en el fondo eso era lo que menos me importaba, lo importante que estaba ocurriendo, era que ya no querías verme y eso fue lo que me hizo llorar. Lloré sin consuelo, lloré con congoja, lloré cual novia dejan plantada en el altar (pero sin novio y sin altar), lloré por que sé lo bueno que sos, lloré con las manos en la cara para ocultar mi tristeza de que una vez mas no pude alcanzarte.
Día dos: Pensando en vos…
Solo un día pasó y ya no aguanto las ganas de hablarte, es como si tu silencio arrugara mi frente y achicara mi alma y en un impulso de rabia te borro para no tenerte cerca. Reviso tu pared de sentimientos que denota soledad al igual que la mía y sigo sin comprender por que lo querés así, pero así es y así quedará. ¿Qué mas hacer por alguien que no quiere que hagas? Pero ese es mi problema, el mismo, el que aparece siempre que vivo una situación como esta…no puedo quedarme al margen, darle vuelta a la hoja, entender y aceptar cual es mi papel al lado tuyo; ninguno.
Mi mente, siempre lúcida y hábil, ve claramente hacia donde van mis pasos y envía mensajes de advertencia a todo mi ser pero sabe que contamos con un corazón altanero, caprichoso e independiente, como si sus decisiones fueran las únicas a tener en cuenta y puedo decir que muchas veces lo logra, solo para que meses después se encuentre chiquito en un rincón, llorando y haciendo doler al resto de mi cuerpo. La guerra se ha declarado. Ya nada hará que estos dos se pongan de acuerdo y eso me significa un problema importante, casi existencial diría, ya que mi corazón hace que no te olvide y mi mente lo refleja en imágenes dominada por la puja del primero, ¡es que es tan obstinado…!!
Pero si pienso en esto, caigo en la cuenta de que esta vez tengo que actuar diferente, no sucumbir antes los delirios de mi corazón melancólico y desquiciado ¿pero como hacerlo si todo el tiempo estoy pensando en vos…?
Suena mi teléfono y deseo que seas… ¿un mensaje? Antes de abrirlo cruzo los dedos pero como es de esperar no es de tu parte, reviso mis mail’s…y en lo que va del día ya lo he abierto al menos unas cuarenta veces, sin exagerar, pero una mirada pálida y vacía es lo que me devuelve la pantalla.
Estoy al borde de un ataque, siento que ya no resisto no llamarte, cada hora es un letargo de pensamientos, recuerdos y punzadas que van derecho a mi pecho desprotegido ante este tipo de lanzas…pero no voy a ceder. En la estupidez de mi amor mi lógica funciona extraña, me hace pensar que si me mantengo a distancia quizá tenga una chance de estar a tu lado… ¿será así? No lo creo, pero no puedo evitarlo, lo pienso o en realidad quiero que así sea, ¿cual será el resultado final? No lo sé, mas allá de lo inevitable de mi sentir dejaré que todo fluya…que otra cosa puedo hacer…
Día tres: Pesimismo
Hoy tengo la certeza de que no vas a llamar. Más estable en mi emoción, puedo ver desde afuera (no tan afuera, pero mejor) la situación por la que paso, podría decir que estando mas tranquila y menos angustiada, entiendo que el amor es mío solo y que a vos no te pasa pero ni un ápice de lo que a mí. Reviso mentalmente las mismas situaciones por la que hemos pasado y si bien a la larga terminas en mi puerta, no creo que sea por una cuestión de amor, sino por tu frágil estabilidad emocional y tus exquisitos impulsos y en verdad… no se que prefiero.
Dos semanas…
Tres…
Todas las etapas por las que puede pasar una persona enamorada las he pasado…dolor, angustia, tristeza, bronca, ansiedad, amor, debilidad y fortaleza… un vaivén de sentimientos que fluyen sin permiso recordándome que lloro por amor. Nada duele más en el cuerpo que una puntada de amor, meses he llorado por eso y no somos pocos los que lo hemos hecho; como una vez dije, llorar por amor no es vergüenza es mas amor y lo que hoy te desarma mañana se habrá convertido en fortaleza de quien quiera aprovecharlo. Ahora soy débil y la debilidad es la etapa por la que cruzo. Etapa que me envuelve como una camisa de fuerza, dejándome sin chances de sacudirte de encima, mientras que a vos te vino de maravilla para cumplir tus deseos.
No puedo pensar con exactitud que es lo que deseas o sentís, es algo que para vos resulta complicado mas aún para mí que no entiende nada de tu corazón tan tirano a veces, tan amable otras…pero insististe para que nos perdonemos y volví a caer. Ya lo sé, no debería. Me detesto por eso por que no puedo evitarlo, ni evitarte y ese siempre termina siendo el problema, mi problema. Pero ahí fuimos, viajamos a donde sabía, sería la pérdida total de mi corazón. Después de recorrer estas millas sabría como terminaría todo, en amor o en desamor y tres días fueron suficientes para comprender que yo no estoy en tu camino y que vos, sin saberlo todavía, tardarías más que unos cuantos meses para salirte del anterior.
120 días…y un poco más…
Partí con la esperanza de que algo se aclararía en mi mente, estuve, escuché y volvimos.
Dormí, por que aún no podía acomodar mis pensamientos y mientras que mi día transcurre voy cayendo en la cuenta que las cosas si son claras, tan claras que me duele mirar. Partí creyéndome fuerte, capaz de soportar el hastío que me provoca tenerte cerca y en verdad no tenerte, creer que salí con las manos llenas y volver con ellas totalmente vacías, entender que tu atención no son mas que indicadores de tu buena madera y no por que yo te resulte diferente. Me odio por haber logrado lo que no quería…ser tu amiga y te odio por eso, por que con cada día mas encima, me hacés saber que esa es tu intención y que las mías quedan cada vez mas atrás.
Quiero olvidarte como lo hice muchas veces, sin exagerar, desde que te conozco… ¿tenés idea de las veces que te dejé ir y venir en mi cabeza? No, no la tenés.
Y que culpa te puedo echar, si a mi me pasa lo mismo, mil veces…y mil mas. Soy terca, ya lo sé, pero como no serlo si desde que comenzó el año no dejé de pensarte…es ahí cuando me pregunto: ¿tan equivocado está mi corazón? Por que claro está que estos asuntos no pasan por la lógica, no para mí, aunque sé que si para vos…
Me dá miedo no ver la fina línea que separa lo real de lo que quiero que sea y hago mucho esfuerzo por no confundir las cosas, no confundirme, pero no importa lo mucho que haga por que de eso ya te ocupas a la perfección, mi cabeza es un laberinto sin salida a la vista, con tu voz resonando sobre mi cabeza que dice querer guiarme pero que ya no le creo. No quiero verte mas, eso es lo que quiero, pero no puedo y cuando lo estoy logrando…ahí estás…abriendo tus brazos para que pueda acomodarme como tanto me gusta.
Quiero gritar, llorar, romper…hace tanto que no me sentía así que por momentos no se como manejarlo, es como si mi adolescencia volviera a adolecer y vos te convertís en el chico mas grande que nunca te va a mirar…entonces por que me seguís? ¿Por que no me dejás? ¿Qué hago? ¿Todo lo que haces lo acredito a que estás loco? Esa es la cuestión, ¿tus actos no son más que reflejos de tu mente desordenada?
No. La desordenada soy yo. No puedo saber las respuestas que solo vos podes dar, pero si puedo contestar una de las mías… ¿tan equivocado está mi corazón…?
No. No lo está.
Y una vez más…si lo estaba. Estaba equivocada como desde el primer momento.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario